La Revista Joy de actualidad gastronómica publica un interesante artículo redactado por Cecilia Boullosa sobre los clichés gastronómicos que se han apoderado de los restaurantes de la gran city porteña.
A destacar:
PONERLE EL NOMBRE DE LA ABUELA AL RESTAURANTE
Están muy bien los homenajes. A muchos chefs -siempre se encargan de contarlo- fueron sus nonas o bobes las que inocularon el placer por comer, cocinar y pasarla bien, pero ¿no habría que aflojar un poco –un poco– con esta manía de ponerle sus nombres a los restaurantes? El cliché funciona en particular para los delis. Cuando en 2008 la cocinera Mirén Argañarás decidió bautizar Porota a su pequeño y coqueto local de Palermo, la pegó, fue algo novedoso y original. Pero a este lo siguieron una legión de Pierinas, Auroras, Ofelias, Helenas (y Elenas), Lucindas, Belindas, Carmenes, Simonas, y un largo etcétera. En general, el homenaje va a acompañado de un desguace del vajillero o bahiut de la nona en busca de los Limoges, la cristalería o los platos de losa antigua inglesa que le regalaron en su boda en los años 40.
LLENAR LAS PAREDES DEL RESTAURANTE CON MENSAJES POSITIVOS
Es una fija de los lugares de cocina natural u orgánica. Estampar sus muros con frases inspiradoras, motivadoras, que parecen dictadas por una profesora de gimnasio en pico de endorfinas o por un coach de El arte de Vivir. ¡Viva la vida! ¡Felicidad! ¡Happy Together! ¡Think positive! ¡La vida es buena! ¡Luck! Con muchos signos de exclamación y combinadas con imágenes de bicicletas –cuando no–, árboles de la sabiduría, manzanas, corazones o mapamundis. A veces, los dibujitos también se repiten en las pizarras o en la chapa del parking para bicicletas. Salvo que uno acabe de tener un pésimo día o venga de pelearse con su pareja, no es una moda que moleste: lo que irrita es la imitación.
LLAMAR BRUNCH A TODO
El brunch es como un gran monstruo que avanza y se lleva todo por delante, almuerzos en día de semana o lo que antes se llamaba simplemente una merienda o un desayuno. Recordemos, una vez más: el brunch es una costumbre anglosajona para los domingos, una amalgama del desayuno y del almuerzo que se sirve entre las diez de la mañana y las tres de la tarde, más o menos, y que incluye una variedad muy amplia de panes, panqueques, preparaciones con huevo, carnes, pescados, frutas, café y jugos.
DECIRLE CAMOTE A LA BATATA (Y OTROS MODISMOS)
Nos encanta decirle cookie a una galletita. Pain au chocolat a un pan con chocolate. Chicken sándwich al sándwich de pollo, salad a la ensalada, cream cheese al queso crema y wrap a un montón de ingredientes envueltos en un disco de masa.Y frapu al café frío, y cupcake a una tortita y así podríamos seguir hasta mañana. Ahora se suma un esnobismo más. A medida que la gastronomía porteña se “cilantriza”, los restaurantes añaden cada vez más andinismos a sus menús antes poblados de galicismos y anglicismos: así tenemos que pedir unos rolls de salmón con camote glaseado a la naranja en vez de batata, o un jugo de piña en lugar de ananá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario